La cláusula Molière: el francés se impone en los andamios

Par dans Noticias le 21 Marzo 2017 à 3 h 22 min

Un grupo de hombres trabaja en una obra en la orilla del Sena en París. PHILIPPE WOJAZERREUTERSQuienes trabajen en las obras de licitación pública deberán hablar francés por una norma que se aplica en las regiones gobernadas por la derechaLa campaña francesa sigue la estela de Donald TrumpENRIC GONZÁLEZParís 21/03/2017 03:22Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière, cumbre

Un grupo de hombres trabaja en una obra en la orilla del Sena en París. PHILIPPE WOJAZERREUTERSQuienes trabajen en las obras de licitación pública deberán hablar francés por una norma que se aplica en las regiones gobernadas por la derechaLa campaña francesa sigue la estela de Donald TrumpENRIC GONZÁLEZParís
21/03/2017 03:22Jean-Baptiste Poquelin, llamado Molière, cumbre de las letras francesas, ha irrumpido en la campaña presidencial. Las regiones gobernadas con la derecha, la mayoría, han bautizado con su nombre una cláusula de signo proteccionista: quienes trabajen en las obras de licitación pública deberán hablar francés, lo que supone un freno al libre desplazamiento de trabajadores en la Unión Europea y, según los socialistas, un mecanismo de “preferencia nacional” parecido al que quiere imponer Marine Le Pen. La ‘cláusula Molière’ abre el primer gran debate en la campaña.La imposición de la lengua francesa en los andamios ya está vigente en la mayor parte del país. En París se aplica desde el lunes. La inventó hace un año Vincent You, adjunto al alcalde Angulema, y en las pasadas semanas ha sido aprobada por casi todas las regiones donde gobiernan los conservadores. Se justifica oficialmente por motivos de seguridad, para que en situaciones de emergencia todos los trabajadores sean capaces de entender las instrucciones. Pero nadie oculta su auténtica finalidad: proteger a las empresas francesas y evitar el ‘dumping’ social.Las normas europeas permiten que las grandes empresas desplacen trabajadores de un país a otro, respetando el salario mínimo del lugar donde se halla la obra pero pagando las cotizaciones sociales de origen. Esas cotizaciones suponen el 36% del salario en Francia y en Chipre, como ejemplo, sólo el 6%. Unos 150.000 trabajadores polacos, portugueses, españoles y rumanos estaban en 2016 empleados en obras públicas francesas.El Gobierno se declara radicalmente en contra. “Más que cláusula Molière habría que llamarla cláusula Tartufo, por su hipocresía”, dijo el primer ministro, Bernard Cazeneuve, quien consideró la medida “anticonstitucional”. Pero el Gobierno no puede impedir la aplicación de las normas regionales a no ser que se establezca su inconstitucionalidad.La división de opiniones resulta clamorosa. Las pequeñas y medianas empresas aplauden con entusiasmo. Los sindicatos braman: “Es para vomitar, insoportable, escandaloso, con todos los ribetes de la preferencia nacional, se dice luchar contra el ‘dumping’ social y en realidad se agrede a los asalariados con medidas xenófobas”, clama Laurent Berger, secretario general de la CFDT. “Se huele el rastro del Frente Nacional”, señala Philippe Martinez, secretario general de la CGT. Incluso la gran patronal Medef atribuye a la ‘cláusula Molière’ “rasgos inquietantes de nacionalismo”.Los candidatos están igualmente divididos. Para Marine Le Pen, del Frente Nacional, se trata de “patriotismo vergonzante”: “Como no son capaces de rechazar la directiva europea, estos políticos intentan esquivarla”. Jean-Luc Mélenchon, el candidato de Francia Insumisa (izquierda radical), también ve “hipocresía” en la cláusula, pero admite que si gobernara rechazaría a los extranjeros desplazados “que roban el pan a los franceses”. Los portavoces del centrista Emmanuel Macron, en cabeza de los sondeos junto a Le Pen, califican la cláusula de “escandalosa” y se preguntan si los franceses desplazados a otros países europeos, unos 200.000, “tendrán que aprender el polaco”. El socialista Benoît Hamon denuncia “una cláusula abiertamente xenófoba”. Curiosamente, el candidato de la derecha, François Fillon, cuyos compañeros de partido han creado la ‘cláusula Molière’, guarda silencio.La directiva comunitaria sobre libre desplazamiento de trabajadores ya fue, en 2005, la principal causa del ‘no’ francés en el referéndum sobre el proyecto de Constitución europea.Multas
¿Cómo controlar el idioma que se habla en una obra? En Auvergne-Rhône-Alpes, la octava región más rica de Europa, ha entrado en funcionamiento esta semana la ‘patrulla Molière’. Son cinco funcionarios que recorren los trabajos de licitación pública. “No aspiramos a que el francés sea la lengua principal de expresión, lo que exigimos es que cada una de las personas empleadas en la obra pueda entender las consignas de seguridad“, dijo el jefe de la patrulla, Sébastien Grangis, al diario ‘Le Figaro’. Las multas por no manejar la lengua de Molière oscilan entre un mínimo de 10.000 euros y un máximo del 5% del importe total del contrato, y corren a cargo de la empresa.
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